¡QUÉ MALA PATA!
Tal vez es que nunca lo amé, yo lo volví a ver después de mucho tiempo cuando regresó aquí, ya para entonces era famoso y en el pueblo le hicieron muchas fiestas, todos querian tomarse fotos con él o su autógrafo, las muchachas se paseaban esperando que se les insinuara, yo igual y me funcionó porque cuando me vio luego luego comenzó a querer que lo acompañara.
“Ándale Xochil como cuando íbamos en la secundaria, ¿ándale si? vámonos para la cañada”, total que me endulzó el oído con promesas y la mera verdad también fue la calentura de que era famoso y quería que me vieran con él.
¿Para que te engaño? La mera verdad yo ya sabía que no lo iba a volver a ver cuando se fue sin despedirse, por eso no me sorprendió que no me contestara las cartas, ni me devolviera las llamadas cuando le dije que estaba embarazada.
No, si mi papá se puso loco, quería ir a matar a todos los hombres con quienes me hablaba, pero pues cuando le dije quien iba a ser el padre, peló los ojos y hasta se frotó las manos, cambió su expresión y casi me abraza. No le hace, decía, ya veremos como le hacemos. ¿Ya comiste? ¿Cómo te sientes?
Yo sentía que me moría, mejor me hubiera agarrado a cachetadas y hubiera sido menor el dolor, te lo juro, yo sentía nauseas al escucharlo.
Y Martha tampoco era de gran ayuda, me decía: “Sácale dinero, no seas pendeja, ármale un escándalo. Ve con los del 13 a ellos les gustan estas historias.”
Yo quería arrancarle los pelos, de verás.
Y mis hermanos eran peor. ¡Como chingaban la madre! ¿Qué como le iba yo a poner? que si Diego, que si Edson, que si como su padre, ¡Ahh! Por que eso si, todos daban por descontado que yo iba a tener un niño.
Los vecinos me hacían fiestas y más de una pinche vieja chismosa quería enterarse, el como, el cuando y el donde. ¿Qué como es él? Que si esto, que si aquello, que el tamaño. ¿Qué les importa? Les decía, pero ni así se cansaban y duro que duro y dale que dale; por eso ya mejor me encerré y ya no quería ver a nadie, porque a todos lados se me quedaban viendo.
Y cuando empezaron a regalarme pelotas fue el colmo, son pal niño decían, yo les mentaba su madre, pero mis hermanos felices se ponían a jugar con ellas, pero cuando se descuidaban ¡zaz! tronchaba los balones a machetazos y así ponche como siete.
El día del parto todos querían verme, incluso gente de la cuesta del chorro que había venido desde allá para ver que fisgoneaban, ¿lo puedes creer? como si fuéramos osos panda o algo así, ¡y vieras! mi papá andaba feliz y mis hermanos aprovecharon que se juntaron hartos chamacos y organizaron torneo y no sé que más.
¡Ah pero que gusto me dio ver sus caras cuando naciste y fuiste niña, mi papá hasta lloró con un sentimiento que ni cuando se murió mi ama.
Pero, debo confesarlo, tuve mi revancha, y lo que más gusto me dio fue cuando tu papá falló el penal con el que eliminaron a México en el mundial y lo corrieron de la selección. Ese día, mientras todos acá en el pueblo echaban madres yo festejaba.
De vez en cuando veo a tu apá en la televisión cuando juega, o en las revistas con esas artistas que tanto frecuenta. Ta bien, allá que se quede con sus viejas y que ni venga a quererte conocer, después de todo, ¿para que quieres un padre tan patachueca?
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E.A




