¿Recuerdas cuando pasábamos las
tardes viendo a Rogelio Moreno? En aquel entonces los niños jugábamos todavía
stop, resorte, avión, burro castigado y bote pateado. Soñábamos con ser sobrinos
del Tío Gamboín y participar en el maratón del gato GC. Si tienes menos de 22 años
probablemente no entiendas ni jota, pero te das cuenta que existió otro tiempo
que muchos recordamos con nostalgia. Precisamente es lo que logra
José Emilio Pacheco, (una de las mejores plumas mexicanas de los últimos
tiempos) en su libro las batallas en el desierto. El protagonista es un niño que
vive en la colonia Roma de la ciudad de México en la década de los 50, quien narra con
singular emoción todo lo que le llenaba de gozo en esos días: radiocomedias que
ya no se transmiten, historietas que sólo se pueden ver en las más raras
colecciones, cines que han cerrado y héroes de películas que pertenecen a una
época más inocente. Pacheco logra llevarnos de
vuelta a aquellos días que se han ido con su magistral forma de contar
historias; en unas cuantas páginas (apenas 70) logra profundizar en temas que
muchos en 500 páginas son incapaces de desentrañar. La trama gira al súbito amor que
despierta Mariana en nuestro protagonista, (Oye Carlos, ¿porqué tuviste que
decirle que la amabas a Mariana?) de ahí se desencadenan sucesos que
desenmascaran la sociedad hipócrita de la doble moral que reinaba y reina
todavía en México. Pacheco sacude nuestras conciencias cuando escribe: “el amor
es una enfermedad, cuando en este mundo lo natural es el odio.” Pero no te imagines lector que
aquella lejana ciudad era tan diferente a la de ahora, porque según Pacheco en
aquella ciudad de México la gente se quejaba de la inflación, los cambios, el
tránsito, la inmoralidad, el ruido, la delincuencia, el exceso de gente, la
mendicidad, los extranjeros, la corrupción, el enriquecimiento ilícito de unos
cuantos y la miseria de casi todos. Por ello aunque el escritor nos diga que “se
acabó esa ciudad y terminó aquel país” no le creemos del todo. No le creemos porque finalmente
el libro no trata de la nostalgia, aunque la evoca; no ataca a las clases
políticas, aunque muestra sin recato todas las corruptelas del gobierno de
Miguel Alemán; desde luego no pretende ser un discurso que ataque a los
persignados, aunque sin remedio terminemos odiándolos, En realidad Las Batallas en
el Desierto trata de amor, de un amor puro y sincero que sólo se da una vez
en la vida, ése que nos hace cantar irremediablemente esta estrofa: “Por alto
que esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo, no habrá una
barrera en el mundo, que mi amor profundo no rompa por ti.” Eduardo Aké




