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Ab imo pectore

EL PERISCOPIO :: EL SABOR DE LA ARENA

 

El sabor de la arena

 

 

Al principio no le pareció extraño que él se presentara tan formal, tan simple como era, con las frases resbalando por sus labios y cayendo dentro de ella como en el fondo de un pozo limpio. La primera vez se le acercó al final del desierto cuando ella acababa de ver a lo lejos la orilla del mar y se recogía hacia atrás el cabello para que no se confundiera con el sabor de la arena.  Llegó acompañado del viento del sur y sus pasos eran tan ligeros como las palabras cuando le susurró al  oído déjame imaginarte y luego dibujar con saliva las yemas de tus dedos. Ella pensó que nunca se habían dicho palabras más adecuadas y le regaló un dibujo que había hecho a los diez años y que era un ojo enorme con una luna dentro en medio de dos árboles que estaban junto a una tumba y el ojo lloraba. Después se fueron caminando tomados de la mano sintiendo en los pies la arena del desierto. Y se fueron caminado tomados de la mano sintiendo entre los dedos de los pies la arena de junto al mar. Y se fueron caminado tomados de la mano sintiendo en la cabeza las lágrimas de las estrellas.

Prefirieron para encontrarse lugares siempre nuevos y distintos, sus favoritos eran los remotos, los que se encontraban más allá de donde caminaban todos los días, lejos de las aceras calientes que los fatigaban y les dejaban siempre una sensación de náusea. El tiempo también era importante; procuraban no verse por las mañanas cuando la luz es nueva, sino al atardecer, cuando la noche llegaba y la luna aparecía plena, despejada y toda para ellos. Claro que también había noches oscuras, cuando Selene no tenía ganas de ser la única testigo de los amantes y prefería dejarlos solos con sus dedos y sus ojos, con las palabras y la piel desnuda. Entonces ellos aprovechaban y se metían al mar y se revolcaban en la arena por el solo placer de quitarse mutuamente los minúsculos granos que se les pegaban al cuerpo y en esa época era cuando se querían.      

Así, en la clandestinidad, se reían juntos. Se deseaban. La primera vez que él le dijo quiero escucharte por dentro, y la llevó a un lugar que al principio le pareció conocido y que luego se imaginó como el tálamo más antiguo, ella se dejó escuchar al tiempo que tarareaba la melodía que hace miles de años Ulises conoció, cuando se ató fuertemente al mástil de un barco que navegaba en medio del mar. 

Un día él se quedó atrapado fuera de las noches de luna y de arena. Ella iba sin falta cada semana y recorría lugares lejanos y extraños. A veces gritaba y escribía poemas en lenguas ajenas. Alguien dijo que estaban muertas. A lo mejor por eso él no las escuchó.

 Ahora, ella ha dejado de vagar por lugares recónditos. Espera la caída de la noche, pero ya no cierra los ojos. Imagina que en algún lugar, él también la busca y le grita a la luna.

 Hace días que él no puede dormir. Pasa las noches en vela y se pregunta si acaso, en alguna ciudad una mujer duerme y camina por lugares lejanos y extraños mirando la luna y soñando figuras al final del desierto.

 

 

Mónica Nava

* Periodista emancipada que ama las playas nudistas de Cipolite fue editora de la revista Salamandra y actualmente busca estudiar su maestría en la UNAM. Lectora voraz y asalta cunas. Linda chica

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    Es una frase muy popular en latín (¿qué tan popular es el latín hoy en día?) y significa

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