
Lucían salió del cuarto poseído por una extraña ambición, entrar al espejo a como diera lugar.
-Yo vi a una mujer negra y desnuda penetrar al espejo- Sus palabras, más bien balbuceos, llamaron la atención de los curiosos, muchos se reían, otros negaban con la cabeza y al instante volvían a sus asuntos.
Esteban, que lo miraba todo desde la esquina, se daba cuenta de la realidad, él también había visito a la mujer entrar sin que nadie la viera, ligera, siniestra y terriblemente sensual.
En eso, el reloj de la cercana catedral dio doce campanadas, Esteban sonrió.
-La hora de lo increíble-
E.A





